Hay enfermedades que aparecen de forma brusca y otras que se desarrollan poco a poco, casi en silencio.
Los divertículos pertenecen a este segundo grupo. En la mayoría de los casos no producen síntomas durante años, hasta que un día aparece el dolor, la inflamación o una complicación que obliga a acudir al médico.
La buena noticia es que, en muchos casos, nuestros hábitos pueden marcar la diferencia.
¿Qué son realmente los divertículos?
Los divertículos son pequeñas bolsas que se forman en la pared del intestino, sobre todo en el colon.
Con el paso de los años, la presión que soporta el intestino durante la evacuación puede favorecer la aparición de estas pequeñas protrusiones, especialmente cuando existe estreñimiento crónico o una dieta pobre en fibra.
Tener divertículos no significa estar enfermo. De hecho, muchas personas conviven con ellos sin saberlo.
El problema aparece cuando alguno de ellos se inflama o se infecta, dando lugar a una diverticulitis.
¿Cuáles son los síntomas de la diverticulitis?
Cuando un divertículo se inflama, es frecuente presentar:
- Dolor en la parte inferior izquierda del abdomen.
- Fiebre.
- Distensión abdominal.
- Cambios en el ritmo intestinal.
- Náuseas o pérdida de apetito.
Ante estos síntomas es importante consultar con un profesional sanitario, ya que un diagnóstico precoz ayuda a evitar complicaciones.
El gran mito: «No comas semillas»
Durante muchos años se recomendó eliminar de la dieta los frutos secos, las semillas, el maíz o incluso alimentos como el tomate por miedo a que pudieran quedar atrapados en los divertículos.
Hoy sabemos que esa recomendación no puede hacerse de forma general. Lo verdaderamente importante es distinguir entre dos situaciones muy diferentes.
Durante un brote agudo de diverticulitis, el intestino necesita descansar. En esta fase suele recomendarse una alimentación de fácil digestión, con bajo contenido en fibra y adaptada a la evolución clínica. Las verduras crudas, las legumbres, los cereales integrales, las semillas o los frutos secos suelen reintroducirse más adelante, cuando la inflamación ha remitido y siempre siguiendo las indicaciones del profesional sanitario.
Fuera del brote, cuando la enfermedad está controlada, ocurre justamente lo contrario. Mantener una alimentación variada, rica en fibra de forma progresiva, una buena hidratación y unos hábitos intestinales saludables puede contribuir al buen funcionamiento del colon y ayudar a prevenir nuevos episodios.

La clave, por tanto, no está en demonizar determinados alimentos, sino en saber cuándo son adecuados y cuándo conviene evitarlos temporalmente.
El papel de los hábitos y los divertículos
Una vez superado el episodio agudo, el objetivo es recuperar poco a poco un patrón de alimentación que favorezca la salud intestinal y reduzca el riesgo de nuevas crisis.
Algunas medidas que suelen resultar beneficiosas son:
- Reintroducir la fibra de forma gradual, respetando siempre la tolerancia individual.
- Mantener una buena hidratación para favorecer un tránsito intestinal adecuado.
- Realizar actividad física de manera regular.
- Evitar el estreñimiento crónico, ya que aumenta la presión sobre la pared del colon.
- Priorizar alimentos frescos y poco procesados.
- Valorar, cuando esté indicado por un profesional, el uso de probióticos que ayuden a favorecer el equilibrio de la microbiota intestinal.
En consulta insisto mucho en que no existen dos intestinos iguales. Algunas personas toleran perfectamente alimentos que a otras les provocan molestias. Del mismo modo, no todos los probióticos son iguales ni están indicados en cualquier situación. La clave está en individualizar el tratamiento y adaptar tanto la alimentación como la suplementación al momento en el que se encuentre cada paciente.
Porque cuidar el intestino no consiste en eliminar alimentos para siempre, sino en entender qué necesita en cada etapa de la enfermedad.
Una historia que nunca olvidaré
En Tu cuerpo SÍ habla comparto la historia de una paciente que convivió durante mucho tiempo con molestias digestivas sin darles demasiada importancia.
Como les ocurre a muchas personas, normalizó el dolor, el estreñimiento y las molestias abdominales hasta que la enfermedad avanzó y terminó pasando una factura mucho mayor de la que habría imaginado.
No comparto su historia para generar miedo, sino para recordar algo que repito con frecuencia en consulta: nuestro cuerpo suele avisar mucho antes de que aparezcan las complicaciones. Aprender a escuchar esas señales puede cambiar el rumbo de nuestra salud.
¿Entonces que puedo hacer?
Los divertículos son muy frecuentes, especialmente a partir de los 50 años, y en la mayoría de los casos no generan problemas.
Sin embargo, cuidar la alimentación, mantenerse activo y prestar atención a las señales del cuerpo puede ayudar a reducir el riesgo de complicaciones y mejorar la calidad de vida.
Porque la salud intestinal no depende de un único alimento que comemos hoy, sino de los hábitos que construimos durante años. Y, a veces, el mejor tratamiento empieza simplemente por escuchar lo que nuestro cuerpo lleva tiempo intentando decirnos.





